viernes, 4 de abril de 2008

¿De qué color es la Esperanza?


Del color de la Tierra cuando la sabemos sembrar, cuidar y consentir; del color del agua cuando cuidamos las cuencas y crecemos con los árboles; del color de las guacamayas, que se niegan a morir entre automóviles, violencia y edificios; del color de los angelitos negros de Andrés Eloy Blanco, cuando tomen el poder en la dictadura del Cielo; del color de las mujeres y los hombres, que un 13 de Abril se negaron a que se les despedazara la esperanza; de los que sueñan y trabajan por sus sueños; del color de los crepúsculos que enamoran a los enamorados; del color de Arístides Bastidas, defensor de la ciencia y de la sencillez; del color de los militantes de la vida que se niegan a incorporarse al pillaje y la prebenda; del color de los niños que estudiarán algebra, esa ciencia milenaria árabe, dentro de muchos años, cuando ya nadie se acuerde quién fué Bush; del color los padres que le echan cuentos a sus hijos; del color de las flores que cultivan las abuelas; del color del trabajo colectivo; del color de los que entienden que ser político es servir, y servir para que un día amanezca distinto; del color de los caballos que rondan los potreros, y sobre todo aquel caballo que atravezó Los Andes para liberar pueblos, y de aquel otro que acompañó al Caballero a pelear contra molinos de viento por la justicia y los sueños; del color de América Latina, menospreciada tantos siglos por la avaricia de unos pocos, pero que hoy se levanta con su pueblo, por su pueblo; y es hoy un arcoiris de intentos, un aguacero de miradas, un florecer de esperanza.

Felipe García
Tiempos de esperanza

3 comentarios:

Julia Ardón dijo...

qué dibujos más preciosos hacés. Me impactan. Una belleza.

VENEZUELA dijo...

gracias felipe por brindarnos la oportunidad de acariciar el alma con tus escritos y la poesia de de tus dibujos ...un abrazo amigo

Rafael Lucena dijo...

Tengo la esperanza de que se cumpla una sola de las muchas felicidades que me desearon en mi último cumpleaños, para comprobar si ese feliz anhelo coincide con alguno de los míos. Hasta ahora, mi esperanza es como el agua: incolora, inodora e insípida, pero totalmente necesaria.